Compromiso y Miedo: Reflexiones sobre la Intención y la Acción

Dudo demasiado al escribir. Creo que es evidente cuando escribo con miedo. Trato de no diferenciar el habla de la escritura, pensando que será más fácil escribir, pero la verdad es que no lo es. A veces siento que mis dedos son los que piensan, y yo solo soy el canal para que interpreten la información necesaria y el mensaje sea trasladado con eficiencia. ¿Cuál es el mensaje?

No podría decirlo aún. Para eso, tendría que comprometerme a seguir un cauce específico, suponiendo que el cauce sea una estructura de pensamiento lógico derivado de ese mismo pensamiento, lo que probablemente me llevaría a pensar constantemente en lo que decida. El compromiso hace que mis dedos se detengan por un momento a reflexionar sobre todas las implicaciones, pero solo por un instante.

El compromiso me perturba. Pensar que la palabra “obligación” está relacionada con este concepto me incomoda, pero la palabra que mejor lo define es “promesa”. El compromiso implica una promesa, un deber hacia algo o alguien, acompañado de la intención de cumplirlo. Cuando se asume un compromiso, lo más importante y lo único que no debería ponerse en duda es la intención. Si no hay intención de cumplirlo, no hay compromiso.

¿Qué sucede cuando se asume un compromiso, pero no existe una fecha límite o un parámetro que te obligue a cumplirlo en un plazo determinado? La intención está, pero no hay una motivación que impulse a la acción inmediata. En ese caso, tal vez no sea correcto decir que existe un compromiso; simplemente es una idea, a menos que el deber vaya a ser cumplido.

¿Qué te has comprometido a hacer?

Me comprometí a realizar la ilustración representativa del texto utilizando solo un garabato. Durante el proceso, el compromiso siempre estuvo presente, aunque por un momento olvidé por completo que lo tenía. Otro pensamiento logró captar la atención de mi mente y me distraje. Sin embargo, fue el compromiso lo que me trajo de regreso para terminar la ilustración.

Me comprometo a amar, y si algún día fallo y no te amo, recuerda que asumí un compromiso, y eso me hará regresar para seguir amándote. Es un compromiso que tomé para toda la vida. Pensaré constantemente en nuestro amor y lo que representa. Por eso me comprometo.

Solo la persona que asume el compromiso sabe con certeza sus intenciones. Sin intención, no sería posible. Cuando asuma un compromiso será porque tengo claridad y veo la responsabilidad que representa. Y lo más importante: me aseguraré de tener la intención de cumplirlo. No deja de ser una decisión más que tomar. El compromiso asusta. Hazlo cuando estés listo, hazlo con intención, y ningún obstáculo en el proceso será tan grande.

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