Entre llamadas relato

Era la hora de colgar el cuadro en la pared de la sala, un cuarto que antes fue cocina y por falta de uso se fue convirtiendo en un lugar para estar, a la par de una ventana con vistas al lago, yo tenía los clavos en la mano y David sostenía su cuadro. El cuadro, adornado con un marco en plata y detalles parecidos a los de una cuchara, era el retrato de un expresidente de la República pintado a mano con una expresión neutral.

Se me pasa la vida y esto es de lo poco que quedará para que me recuerden, cuando David dijo eso me causó mucha confusión, no entendía cómo un hombre huraño y mal encarado como él querría que alguien lo recordase. El fraseo es algo importante, pero no tanto como el deseo de inmortalizarse, pensaba, acaso se estará confundiendo con las palabras que escoge. Yo te recordaré, le dije, a ti y a este lugar. Eso no me da gran esperanza Divad, tengo unos 43 años más que tú y con suerte vivas unos 60 más después de mi muerte, eso no me alcanzaría para completar las misiones que se me fueron asignadas después de la muerte.

Yo no había considerado el tiempo después de la muerte, nunca había pensado siquiera que fuera posible, según David tenemos un periodo de consciencia después de fallecer durante el cual tenemos la oportunidad de atender asuntos pendientes. ¿Qué asuntos pendientes podría tener alguien que fallece? La separación entre cuerpo y espíritu causa repercusiones energéticas y su liberación es percibida por la consciencia de las personas vivas, esto puede causar un desbalance que puede ser compensado durante nuestra forma espiritual después de la muerte. Me pregunto si me pondré triste o me sentiré solo, mi cabeza estaba llena de dudas con este nuevo descubrimiento.

De tanto escuchar a David lo empecé a escuchar en mi cabeza también, una voz que parecía mayor, cansada de la vida, reclamando mi juventud y pidiendo cuentas por mis acciones. Esto me generaba dudas constantemente, ¿cómo saber si estoy cumpliendo mi misión? David y yo teníamos la misma preocupación, de tanto observar pasar el reloj ahora cada segundo parecía el doble de rápido.

Al día siguiente casi morí. David y yo paseábamos como de costumbre después de almorzar, una caminata por senderos que suben hacia el volcán, discutíamos temas filosóficos durante el camino. ¿Sientes la presión? dijo David. No. Tengo un presentimiento, algo bueno va a suceder. Seguimos caminando mientras me platicaba de esta sensación corporal que le daba información sobre futuros eventos y cómo se estaba convirtiendo en un tipo de intérprete del universo.

Me estaba empezando a hacer consciente de mi respiración cuando de repente un sonido estridente y filoso llegó a mis oídos a un volumen que me sorprende no haya causado algún tipo de daño auditivo, casi de inmediato me conecté con mi cuerpo de una forma extraordinaria, sentía mi piel desde la planta de los pies hasta el cuero cabelludo, mi respiración agitada y visión atenta, un estado de presencia alucinante. Todo esto que describo sucedió en cuestión de segundos, volteé a mi derecha y allí estaba David en el suelo, menos vivo que yo, tumbado con la boca abierta, me acerqué y no respiraba. Estaba tan confundido. Estuve unos cinco minutos tratando de calmar mi respiración para poder pensar claramente en la mejor forma de ayudar, después de ese tiempo se me ocurrió llevarlo de regreso casi arrastrado, después de 30 minutos llegamos a la casa. Casi muero del susto cuando escuché la voz de David.

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